Descripción
El Tesoro Imperial (Schatzkammer) es el tesoro de los Habsburgo, en la parte más antigua de la Hofburg de Viena, el Patio de los Suizos. En 21 salas muestra mil años de coronas, joyas, insignias reales y reliquias, en dos colecciones: la secular y la eclesiástica.
Como todo tesoro secular, se formó para mostrar el poder y el alcance de sus dueños, y los Habsburgo gobernaban muchos reinos. Sus dos partes, la secular y la eclesiástica, son muy distintas en ambiente: la primera, llena de coronas y joyas; la segunda, de altares y devoción.
El cuerno de un unicornio y el Santo Grial: los Habsburgo los declararon las dos «reliquias inalienables» de su casa, y ambos siguen aquí. El primero es un gigantesco colmillo de narval, el segundo un cuenco de ágata de la Antigüedad tardía.
La estrella es la Corona Imperial del Sacro Imperio Romano Germánico, con el cetro y la espada del imperio.
La corona formaba parte de las insignias guardadas en Núremberg desde 1424. Hacia 1800, con las tropas de Napoleón avanzando, las llevaron a Viena para ponerlas a salvo. En 1938 los nazis las devolvieron a Núremberg, y tras la guerra el ejército estadounidense las restituyó.
La Corona Imperial de Austria se hizo para Rodolfo II y se convirtió en la corona del Estado en 1804, cuando se creó el imperio de Austria.
El Tesoro de Borgoña llegó con la dote de María la Rica cuando se casó con Maximiliano I en 1477, junto con el tesoro de la Orden del Toisón de Oro, que procedía de su padre, Carlos el Temerario.
Hay objetos demasiado pesados para caber en ninguna corona: una de las esmeraldas más grandes del mundo, entre una gran variedad de piedras preciosas. El tesoro eclesiástico muestra altares e imágenes devocionales, sobre todo barrocos.
La colección se empezó a formar en 1556 con Jacopo Strada, anticuario de Fernando I. Matrimonios y herencias hicieron luego llegar nuevas piezas. María Teresa lo trasladó todo a su sede actual en el siglo XVIII, en parte para ocultar cuánto habían mermado las guerras contra Prusia la riqueza de la familia.
El siglo XX pasó factura. El 1 de noviembre de 1918, cuando la monarquía se derrumbaba, unas 53 joyas de los Habsburgo fueron llevadas a Suiza. Entre ellas estaba el Diamante Florentino de 133 quilates, cuyo destino aún se debate. La propiedad de las joyas se disputa desde 1921.
Imprescindible
• La Corona Imperial del Sacro Imperio Romano Germánico.
• La Corona Imperial de Austria.
• El «cuerno de unicornio» y el cuenco de ágata.
• El Tesoro de Borgoña.
¿Sabías que…?
• La exposición se renovó por completo entre 1983 y 1987.
• El «cuerno de unicornio», llamado Ainkhürn, es un colmillo de narval.
Como todo tesoro secular, se formó para mostrar el poder y el alcance de sus dueños, y los Habsburgo gobernaban muchos reinos. Sus dos partes, la secular y la eclesiástica, son muy distintas en ambiente: la primera, llena de coronas y joyas; la segunda, de altares y devoción.
El cuerno de un unicornio y el Santo Grial: los Habsburgo los declararon las dos «reliquias inalienables» de su casa, y ambos siguen aquí. El primero es un gigantesco colmillo de narval, el segundo un cuenco de ágata de la Antigüedad tardía.
La estrella es la Corona Imperial del Sacro Imperio Romano Germánico, con el cetro y la espada del imperio.
La corona formaba parte de las insignias guardadas en Núremberg desde 1424. Hacia 1800, con las tropas de Napoleón avanzando, las llevaron a Viena para ponerlas a salvo. En 1938 los nazis las devolvieron a Núremberg, y tras la guerra el ejército estadounidense las restituyó.
La Corona Imperial de Austria se hizo para Rodolfo II y se convirtió en la corona del Estado en 1804, cuando se creó el imperio de Austria.
El Tesoro de Borgoña llegó con la dote de María la Rica cuando se casó con Maximiliano I en 1477, junto con el tesoro de la Orden del Toisón de Oro, que procedía de su padre, Carlos el Temerario.
Hay objetos demasiado pesados para caber en ninguna corona: una de las esmeraldas más grandes del mundo, entre una gran variedad de piedras preciosas. El tesoro eclesiástico muestra altares e imágenes devocionales, sobre todo barrocos.
La colección se empezó a formar en 1556 con Jacopo Strada, anticuario de Fernando I. Matrimonios y herencias hicieron luego llegar nuevas piezas. María Teresa lo trasladó todo a su sede actual en el siglo XVIII, en parte para ocultar cuánto habían mermado las guerras contra Prusia la riqueza de la familia.
El siglo XX pasó factura. El 1 de noviembre de 1918, cuando la monarquía se derrumbaba, unas 53 joyas de los Habsburgo fueron llevadas a Suiza. Entre ellas estaba el Diamante Florentino de 133 quilates, cuyo destino aún se debate. La propiedad de las joyas se disputa desde 1921.
Imprescindible
• La Corona Imperial del Sacro Imperio Romano Germánico.
• La Corona Imperial de Austria.
• El «cuerno de unicornio» y el cuenco de ágata.
• El Tesoro de Borgoña.
¿Sabías que…?
• La exposición se renovó por completo entre 1983 y 1987.
• El «cuerno de unicornio», llamado Ainkhürn, es un colmillo de narval.